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Baxint, una startup surgida del ámbito científico de la Universidad Nacional de Córdoba, desarrolló un nanobiomaterial con acción antifúngica y bioestimulante para el cultivo de maní. El proyecto fue creado por Ivana Galera, responsable de Tecnología; Karina Vázquez, responsable de Operaciones; y Paulina Páez, responsable de Estrategia. Su primer objetivo es enfrentar el carbón del maní, una enfermedad fúngica que genera pérdidas en un cultivo relevante para la agricultura argentina.
Según explicó el equipo a EcoBiz durante el BCR Agtech Forum, la formulación inhibió hasta un 60% el crecimiento del patógeno en ensayos de laboratorio y produjo una mejora de rendimiento cercana al 15% en microparcelas. Son resultados preliminares comunicados por la startup, no una eficacia validada en lotes comerciales. La propia empresa señala que la prueba a campo es la etapa pendiente.
La tecnología utiliza sistemas microbianos para obtener metabolitos bioactivos que recubren una nanopartícula y le confieren sus propiedades. Baxint busca combinar la estabilidad asociada a los productos químicos con el perfil de los insumos biológicos, utilizando concentraciones bajas. La formulación apunta a atacar el hongo y, a la vez, aportar un efecto bioestimulante sobre la planta.
El componente mineral se elige desde el diseño porque algunos metales también pueden actuar como micronutrientes. Vázquez afirmó que la concentración final se define para evitar toxicidad en la planta, el suelo y el producto, y que el material no dejaría residuos. Esa seguridad es una afirmación del equipo que deberá confirmarse mediante ensayos, mediciones y las evaluaciones regulatorias correspondientes antes de una aplicación comercial.
La startup obtuvo el producto en forma líquida y también evaluó conservarlo como polvo durante más tiempo. Esa flexibilidad podría facilitar su adaptación a prácticas habituales del productor, mediante riego u otras modalidades. El equipo también plantea que el nanomaterial podría combinarse con fitosanitarios o funcionar como vehículo de otros productos, posibilidades que todavía requieren comprobar compatibilidad, estabilidad y desempeño en cada uso.
El desarrollo se encuentra, según la empresa, en un nivel de madurez tecnológica TRL 5 y continúa a escala de laboratorio en la Unidad de Investigación y Desarrollo en Tecnología Farmacéutica, vinculada con la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet. Las bajas concentraciones permiten producir el material en esta fase, pero pasar a condiciones productivas exigirá fabricar volúmenes mayores con calidad consistente y sostener los resultados fuera del entorno controlado.
Baxint participó en la ronda de negocios del BCR Agtech Forum para buscar socios que aporten capacidad de escalado y ensayos a campo. El equipo informó que también recibió propuestas para probar la plataforma en otros cultivos, incluidos intensivos de Mendoza. Ese interés abre oportunidades de aplicación, aunque no equivale a acuerdos cerrados, ventas ni validaciones concluidas.
El modelo de negocios imaginado tiene dos etapas: primero, asociarse con empresas para escalar la tecnología y desarrollar el producto; después, comercializarlo desde Baxint a los productores. El valor empresarial dependerá de superar cuatro pruebas que la investigación inicial todavía no resuelve: eficacia repetible a campo, seguridad y aprobación regulatoria, costo competitivo de fabricación y adopción por parte de productores. El avance en microparcelas es una señal para continuar, no el final de la validación.
