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Biofarma está por inaugurar una nueva planta de nutrición animal cerca del aeropuerto de Córdoba. Según informó LA NACION a partir de declaraciones de la compañía, la obra demandó US$20 millones, ocupa 17.000 metros cuadrados cubiertos dentro de un predio de 50 hectáreas y permitirá producir hasta tres veces el volumen que la empresa vende actualmente.

La fábrica elaborará principalmente núcleos y premezclas de vitaminas, minerales y otros nutrientes que se incorporan a los alimentos para bovinos, cerdos, aves y otras especies. Biofarma también produce alimentos para las primeras etapas de crecimiento y sustitutos lácteos para terneros. La empresa declaró alrededor de 1.700 clientes en la Argentina y exportaciones a doce mercados; son cifras corporativas citadas por el medio, no resultados auditados publicados.

El proyecto comenzó a construirse en junio de 2025 y responde a una restricción concreta. La planta original, instalada hace unos cuarenta años, había agotado casi todo el espacio disponible y quedó rodeada por el crecimiento urbano. Esa ubicación limitaba nuevas ampliaciones y complicaba el ingreso de materias primas y la salida de productos terminados en camiones.

La nueva localización permite reorganizar flujos y ampliar la operación. Buena parte de las tareas estará automatizada y la tecnología principal fue adquirida a una empresa suiza que fabrica algunos equipos en China, con la participación adicional de proveedores de otros países. Biofarma espera que la inversión mejore la eficiencia y reduzca costos, aunque la fuente no publica indicadores comparables de productividad, ahorro o retorno esperado.

La capacidad excedente es, al mismo tiempo, la principal oportunidad y el mayor riesgo. Construir para producir tres veces las ventas actuales evita quedar nuevamente limitado si crece la demanda, pero también inmoviliza capital y eleva costos fijos antes de contar con pedidos equivalentes. La infraestructura no crea mercado por sí sola: la empresa deberá aumentar ventas locales, abrir destinos y sostener precios y márgenes suficientes para ocuparla de forma rentable.

Biofarma integra además actividades agropecuarias y de experimentación. El grupo administra cerca de Jesús María el Centro Experimental de Nutrición Animal Biofarma, con un feedlot y módulos destinados a pruebas sobre alimentación, manejo, bienestar y producción. Sin embargo, la propia compañía señala que ese establecimiento absorberá una porción pequeña de la nueva producción y que cerca del 99% tendrá como destino a clientes.

Para otras empresas industriales, el caso muestra cuándo una inversión anticipada puede ser razonable: cuando existe una restricción física real, la tecnología puede bajar el costo unitario y la organización dispone de una estrategia comercial capaz de aprovechar la escala. También recuerda que los escenarios de crecimiento deben someterse a pruebas de sensibilidad sobre utilización, precios, exportaciones, capital de trabajo y velocidad de adopción.

El éxito de la nueva planta no debería medirse solo por su tamaño ni por el monto invertido. Los indicadores relevantes serán el porcentaje de capacidad utilizada, el costo por tonelada, la evolución de ventas y exportaciones, la captación de nuevos clientes y el plazo de recuperación del capital. Hasta que esos resultados aparezcan, Biofarma habrá demostrado capacidad para ejecutar una obra industrial; todavía deberá demostrar que puede convertir esa capacidad productiva en demanda sostenible.