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China tomó una ventaja temprana en el mercado de robots humanoides. Según datos de Smart Analytics Global citados por Bloomberg, sus fabricantes representaron más del 97% de los envíos mundiales durante el primer semestre de 2026. La cifra describe unidades despachadas en un período concreto: no significa que esa proporción ya esté trabajando de forma productiva ni demuestra por sí sola una superioridad tecnológica permanente.

Los envíos globales alcanzaron aproximadamente 19.100 unidades en los primeros seis meses del año, más de tres veces las 5.100 registradas en igual período de 2025. La consultora proyecta unas 60.000 unidades para todo 2026 y medio millón para 2030. Son estimaciones de mercado, no ventas garantizadas, pero señalan que la industria está pasando de demostraciones aisladas a una fase de fabricación con mayor escala.

Agibot, con sede en Shanghái, desplazó a Unitree Robotics del primer puesto. En el semestre envió unas 8.400 unidades y obtuvo el 44% del mercado mundial, mientras Unitree llegó a 5.900. Esos volúmenes superaron ampliamente los de compañías estadounidenses como Tesla, Figure AI y Agility Robotics, una diferencia que refleja la velocidad con la que China está articulando proveedores, capital y capacidad de producción.

La expansión no depende únicamente de la iniciativa privada. El apoyo de distintos niveles del gobierno chino y el acceso a financiación están acelerando el desarrollo y la fabricación. La World AI Conference celebrada en Shanghái mostró esa densidad competitiva: decenas de empresas presentaron mejoras en destreza, velocidad y capacidades. Para un fabricante, este ecosistema puede reducir costes y ciclos de aprendizaje; para sus competidores, eleva la presión por llegar a producción antes de haber probado un modelo económico sostenible.

También está cambiando el destino de los equipos. Las aplicaciones industriales y comerciales representaron más del 70% de los envíos, frente a alrededor del 50% un año antes, según Linda Sui, fundadora e investigadora principal de Smart Analytics Global. El cambio sugiere una búsqueda más explícita de tareas con retorno económico, aunque el artículo advierte que la cantidad de humanoides efectivamente desplegados en funciones comercialmente productivas sigue siendo pequeña.

Esa brecha entre envío y productividad es decisiva. Una unidad despachada puede estar en pruebas, demostraciones, investigación o integración y no necesariamente operando de manera continua en una fábrica o un servicio. Antes de adoptar esta tecnología, una empresa debería medir autonomía, disponibilidad, seguridad junto a personas, mantenimiento, velocidad real, coste total y capacidad de integrarse con procesos existentes. Sin esas métricas, el crecimiento del mercado puede confundirse con madurez operativa.

La geopolítica añade otra capa de incertidumbre. A fines de julio, Estados Unidos prohibió la importación de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos chinos, además de determinados componentes, alegando riesgos de seguridad nacional y ciberseguridad para su infraestructura crítica de inteligencia artificial. La medida puede fragmentar cadenas de suministro, obligar a rediseñar productos para distintos mercados y convertir el origen del hardware, el software y los datos en una decisión estratégica.

La conclusión empresarial es que China lidera hoy el volumen de una categoría que crece con rapidez, pero cuyo valor económico todavía debe demostrarse a escala. La ventaja puede consolidarse si los fabricantes convierten envíos en aplicaciones fiables y repetibles; también puede erosionarse si aparecen fallos de seguridad, restricciones comerciales o casos de uso con retornos insuficientes. Para compradores e inversores, la disciplina consiste en separar capacidad industrial, despliegue real y rentabilidad: son tres indicadores relacionados, pero no equivalentes.