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El mundo atraviesa un episodio de El Niño que comenzó en junio de 2026 y se espera que continúe durante 2027. Carbon Brief analizó pronósticos de 14 grupos de modelización y encontró que el 96% de las corridas proyecta que será el más intenso del registro observacional moderno. La expresión ‘super El Niño’, utilizada con frecuencia en medios y comentarios públicos, no es una categoría científica reconocida: resume una expectativa que todavía depende de pronósticos.
El Niño es la fase cálida del ciclo El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO. En condiciones normales, los vientos alisios empujan el agua superficial cálida hacia Asia y favorecen el ascenso de agua fría y rica en nutrientes frente a Sudamérica. Cuando esos vientos se debilitan, el agua cálida se desplaza hacia el este, disminuye el afloramiento y se activa una retroalimentación entre océano y atmósfera que modifica lluvias, temperaturas y circulación a escala global.
La intensidad se sigue principalmente mediante las anomalías de temperatura en la región Niño 3.4 del Pacífico central. Los modelos examinados por Carbon Brief proyectan que el máximo podría superar los 2,75 °C de anomalía registrados durante el episodio 2015–16. Esa cifra no describe cuánto se calentará todo el planeta ni permite anticipar por sí sola cada impacto local; es un indicador oceánico que ayuda a caracterizar la fuerza del fenómeno.
En Sudamérica, el patrón suele aumentar el riesgo de calor, sequía e incendios en Colombia, Venezuela y el norte de Brasil, mientras favorece lluvias intensas e inundaciones en el sur de Brasil, Chile central y el norte de Argentina. Para el agro, la energía, la minería y la logística, esto puede combinar pérdidas de rendimiento en unas regiones con daños de infraestructura o interrupciones de transporte en otras. La exposición real dependerá de la estación, la ubicación y las condiciones locales.
Los efectos también alcanzan a otros mercados relevantes. El sudeste asiático y partes de Australia suelen enfrentar condiciones más secas; India puede sufrir calor y un monzón debilitado; el sur de África enfrenta mayor riesgo de sequía, mientras África oriental puede recibir lluvias e inundaciones. En Norteamérica, El Niño puede suavizar el invierno del noroeste y aumentar las tormentas e inundaciones en el sur de Estados Unidos y California.
El fenómeno modifica además la actividad de ciclones tropicales. Puede reducir la formación de huracanes en el Atlántico al aumentar la cizalladura del viento, pero desplaza hacia el este la zona donde se originan tormentas en el Pacífico. Esto puede cambiar rutas, duración e intensidad de tifones y elevar el riesgo para China, Japón, Corea del Sur y varias islas del Pacífico. Una temporada más tranquila en una cuenca no implica una reducción global del riesgo.
El Niño también libera calor del océano hacia la atmósfera y eleva temporalmente la temperatura media mundial. Carbon Brief indica que una variación de 1 °C en Niño 3.4 suele asociarse con alrededor de 0,1 °C en la temperatura global, con un retraso de tres a seis meses. Sin embargo, esa oscilación natural no explica la tendencia de fondo: el calentamiento provocado por las actividades humanas sigue siendo el motor principal de los récords globales de temperatura.
Para las empresas, la respuesta razonable es trabajar con escenarios y no con un pronóstico único. Conviene mapear proveedores y activos por región, revisar coberturas de seguros y planes de continuidad, monitorear agua, energía, transporte y materias primas críticas, y definir indicadores que activen decisiones antes de una interrupción. El riesgo principal no es que El Niño produzca el mismo efecto en todo el mundo, sino que genere impactos distintos y simultáneos dentro de una cadena de valor interdependiente.
